La tierra en el cielo

 

Solemos separar a la tierra del cielo como si fuesen dos polos, un conjunto binario. Pero el cielo es parte constitutiva de la tierra. No es algo externo, ni viene del cosmos, sino que es algo que nace y se desarrolla desde la tierra. Tanto el cielo como el agua, tienen su soporte en la tierra.
Desde hace milenios muchos buscan el cielo, buscan alejarse de la tierra. Otros quieren bajar el cielo a la tierra, un paraíso. Pero la imagen misma de paraíso terrenal y la del cielo son símbolo del devenir post-mortem. Dejamos la tierra y «vamos al cielo». La naturaleza de la tierra parece ser la naturaleza de la vida y no la de la muerte. Dejamos el cuerpo en la tierra y el resto, lo vital, lo interior, parte a un mundo de otra naturaleza.
Sin embargo la esencia de la tierra es lo oculto, lo que se cierra según Heidegger. La tierra es tierra porque su esencia es tierra. Y su esencia se asemeja mucho a la interioridad humana. Por lo que el cielo y la esencia de la tierra son similares, si es que no son lo mismo.
En la muerte llevamos nuestra interioridad, nuestra esencia terrestre al cielo, o dicho de otra manera, nuestra esencia se libera del cuerpo, y se funde en la esencia de la tierra, la tierra en el cielo.