Abstracción como generadora de percepciones puras

 

La abstracción que nace en el silencio genera un efecto en el espectador, aunque sea por un instante:  silencio. Cuando la mente no reconoce ningún concepto o idea vinculada a la imagen que se le presenta como obra de arte, cuando no encuentra ninguna figura reconocible ni simbólica, hay un instante de silencio en la mente. Lo más común es que quien se enfrenta a esta imagen busque rápidamente encontrar un flotador para no ahogarse en el silencio, la mente no está acostumbrada a estos espacios vacíos que la incomodan, al punto que la imaginación se activa creando una figura reconocible en algún lugar de la obra. Cuando esto sucede en realidad se está satisfaciendo a la mente y su necesidad de seguir en el mismo patrón de estímulos y pensamientos habituales. Pero existe la oportunidad de lograr extender ese segundo de desconcierto, acompañándolo con el apagado a conciencia del caudal de pensamientos. De esa forma nos abrimos ante lo desconocido. Por un instante somos libres de nuestras propias proyecciones y podemos observar la realidad tal cuál es. A esto se le ha llamado Percepción Pura. Y es ahí, en ese silencio, donde pueden aflorar pensamientos de otra naturaleza. Estos no nacen a consecuencia de un pensamiento anterior, sino por sí mismos, de forma espontánea y fresca, son Pensamientos Puros. Éstos manifiestan ciertas cualidades de la esencia de lo percibido, cuestiones más profundas que una simple descripción analítica de lo visto, sino más bien su propósito, el sentido de la existencia de dicho objeto. Estos pensamientos que muchas veces se presentan como imágenes, son parte de un proceso interior imaginativo y creativo.