A 3 puños del pecho

En la soledad se encuentra la vida, ese ritmo de aire y calor, luz y sombras.
El mundo de las ansiedades queda alejado a 3 puños del pecho. Toda esa actividad desenfrenada, lo que se espera de uno, la constante necesidad de ser alguien, de ganarse el pan, de ser buen ciudadano, etc., queda suspendido como una esfera imperfecta, grisácea y etérea.
Me percato de su impermanencia, no es, no tiene sustancia.
La dejo caer en mis manos, la pongo a trasluz frente al sol para iluminarla y darle calor hasta que la fuerza del rayo la atraviese y la haga desaparecer.
La vida está en mí, no es un algo ajeno y distante. Es este instante presente, fresco y libre de todo ese mundo gris.
Se puede vivir sin proyectar, sin angustia del pasado y del futuro siempre y cuando encontremos en la soledad a la vida.
Toda esa construcción por acumulación que sea consumida por el sol.